¿Qué esperan de Obama los braceros?

Febrero 13, 2009 at

migracion12 por Rufino Domínguez Santos

En los 67 millones de hectáreas de los campos fértiles de California, Estados Unidos, se estima que laboran 480 mil trabajadores del campo, de los cuales 85 por ciento son mexicanos, y de éstos 18 por ciento somos indígenas, de acuerdo con cifras difundidas en 2006. Estos números han aumentado 20 por ciento debido a la creciente migración de las comunidades indígenas en los años recientes.

Según han revelado varios investigadores del mercado laboral, en el campo de esta población diez por ciento son hijos e hijas de mexicanos nacidos en Estados Unidos y cinco por ciento son descendientes de centroamericanos y sudamericanos.

Desde los verdes campos del condado norte de San Diego, el valle de Coachella –ubicado en el sur del estado–, el condado de Santa Bárbara, el inmenso valle de San Joaquín, el valle de Salinas –en el centro del estado– y el condado de Sonoma –en el norte–, entre los más importantes, las manos callosas de hombres y mujeres trabajadores del campo levantan 27 millones de toneladas de vegetales, legumbres, hortalizas y frutas. Ellos son quienes llenan día a día la canasta de la abundancia para que la producción llegue a la mesa de los estadounidenses y del mundo entero.

Trabajo escaso y con poca paga. Se trata de empleos temporales que duran desde 20 días hasta tres meses. Mientras no hay trabajo, los jornaleros descansan y se mantienen con lo que hayan ahorrado en la temporada activa. El salario mínimo en California es de ocho dólares por hora, pero cuando se trabaja por pieza, la mayoría de trabajadores no gana eso, aunque la ley laboral ordena que los patrones lo deben pagar.

La crisis económica ha estado presente siempre en este sector, pero desde hace dos años se ha agudizado porque han disminuido aún más los ingresos familiares debido al cese de trabajos en la construcción, restaurantes y jardines, entre otros. Durante el invierno, los trabajos de poda de los árboles en el valle de San Joaquín sólo duraron 20 días y hasta un mes y medio, cuando antes duraban de un mes y medio a tres meses.

Esto debido a que los trabajadores que estaban en otros sectores tuvieron que trabajar en los campos. El exceso de mano de obra dio lugar a que los patrones se aprovecharan y redujeran sus pagos bajo el dicho de “si quieres trabajar, éntrale, si no, no hay problema, trabajadores hay de sobra”. Aunque muchos no estaban de acuerdo, la mayoría aceptaba para ganar aunque fuera un poquito. Ahora los desempleados tienen que esperar tres meses antes de que comience la nueva temporada y quizá van a tener que enfrentar la misma situación u otra más difícil.

Los jornaleros, con Obama. Esta es la situación en el campo estadounidense en momentos en que Barack H. Obama inicia su gestión como presidente de Estados Unidos. Durante su campaña y antes de la elección, la mayoría de los trabajadores del campo decidieron apoyar a un nuevo partido y a un nuevo candidato. Me daba cuenta al hablar con ellos en persona o por teléfono de sus expresiones; percibía el coraje y la decisión por un cambio económico, político y social en el país (sobre todo en el aspecto migratorio).

Cuando el flamante candidato ganó la elección del 4 de noviembre con una barrida total ante su contrincante, muchos trabajadores agrícolas celebraron desde sus casas esta victoria, llamándose entre ellos por teléfono y brindando por el triunfo de la esperanza.

Claro que la prioridad número uno para los trabajadores agrícolas es el mejoramiento de la economía, porque de esto depende el bienestar de la familia, desde el pago de la renta o de la casa hasta los gastos por servicios, transporte, el cuidado de niños y la comida. Todo esto es demasiado caro para ellos y sus familiares. No es suficiente el salario mínimo actual porque no alcanza para la sobrevivencia.

El segundo punto es una posible legalización integral para todos los trabajadores, incluyendo los constructores, de limpieza, obreros, jardineros y del campo, para que les permita salirse de los escondites, trabajar libremente sin ningún temor e ir y venir de sus pueblos y comunidades de origen sin tener que pagar el “lujoso costo de un coyote” por “brincarse” la frontera en busca de una mejor vida que lamentablemente el gobierno mexicano no ha podido garantizar para nada en los 30 años recientes.

En tercer lugar está la seguridad y salud en los lugares de trabajo, donde hay riesgos en la transportación, por posibles caídas en escaleras, cortaduras o lastimaduras y por envenenamiento por pesticidas, herbicidas o toda clase de químicos que se usan en los campos de cultivo.

Hay que mencionar también el riesgo de muerte por insolación, que en el verano es más frecuente, ya que en cada temporada de trabajo hay innumerables decesos y la mayoría no son reportados a las autoridades debido al temor derivado de no tener “papeles”.

En los campos del condado norte de San Diego, algunas partes del valle de Salinas y el condado de Sonoma, cientos de trabajadores del campo viven debajo de la tierra y de los árboles o en casuchas de plástico y cartón de papel construidas por ellos mismos. Y los que viven en las ciudades, están hacinados en un apartamento o casa, no porque les guste vivir así, sino porque es una solución ante el alto costo de la renta. Algunos arrendatarios aprovechan para sacarles dinero rentando garajes y lugares no aptos para vivir.

Los trabajadores tienen mucha esperanza de que haya un cambio: que se mejore la situación económica y haya una legalización para todos. La solución de estos dos problema sería un gran alivio y un acto de justicia para los casi medio millón de trabajadores del campo en California y más de dos millones en todo Estados Unidos. Sin embargo, muchos están conscientes de la gravedad de la situación, la cual no se puede mejorar rápido como se quisiera aunque el gobierno haga lo que haga. Lo económico tardará, pero la reforma migratoria puede lograrse de inmediato si el presidente Obama, junto con el Congreso, así lo deciden y ésa es la expectativa.

Director ejecutivo del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño

Para ver fotos ir a liga: http://www.jornada.unam.mx/2009/02/13/migracion.html

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