Editorial: Elección casi Histórica en Oaxaca

El primero de agosto del presente año hubo elecciones en el estado de Oaxaca para gobernador y diputados locales, las cuales por primera vez atrajeron la atención de los medios de comunicación internacionales, debido al clima de violencia que se desató previo a dichos comicios, sin embargo fuera de esto, las elecciones no representaron una gran novedad.

La autodenominada “Nueva Fuerza Oaxaqueña” (NFO), integrada por el PRI, Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, en realidad no ofrece nada nuevo y sin duda el candidato que la encabezaba y a quien se le reconoció como ganador, Ulises Ruiz Ortiz, seguirá gobernando con las prácticas que caracterizaron el gobierno de José Murat Casab: autoritarismo, prepotencia, arrogancia, violación a los derechos humanos más elementales, e inventar mentiras en contra de líderes indígenas, sindicales y todos los críticos del gobierno.

Aún el principal candidato de oposición, Gabino Cué Monteagudo, que representaba a la coalición “Todos Somos Oaxaca”, integrada por el Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Convergencia, tampoco representaba una gran opción para los votantes. El PAN está gobernando en la presidencia del país sin demostrar ninguna diferencia de política de los presidentes priístas, mientras que el PRD tiene fuertes conflictos internos y externas, lo cual lo debilita y le resta credibilidad.

Por otra parte el Partido de Unidad Popular, que era supuestamente indígena sin embargo de eso no tiene nada porque en las comunidades indígenas no funcionan los partidos políticos sino para dividir y manipular, también tuvo un pobre y triste papel. Su candidato, el conocido Hector Sánchez López, un hombre rastrero y enfermo por el poder, no hizo otra cosa sino dividir los votos de oposición, lo cual tal vez hubiera permitido derrotar por primera vez al PRI en el estado. Además ya no necesitamos más partidos porque todos están en crisis, desacreditados, corrompidos y corruptos, necesitamos ver todo lo contrario.

Ante este escenario, el Instituto Estatal Electoral de Oaxaca, declaró a Ulises Ruiz Ortiz como gobernador electo, surgido de una elección cuestionada y preparada de manera fraudulenta con anticipación de compra de votos e intimidación de votantes. Y aunque Ulises ya es gobernador electo, será difícil gobernar a un estado donde cerca de medio millón de personas no lo eligieron. Este número significativo lo debería de reflexionar sobre cómo gobernar con ética y no como su antecesor.

La relación con los migrantes en los Estados Unidos ya no será la misma. Vamos a dar la bienvenida al nuevo gobernador como se debe con manifestaciones propositivas y exigiendo respeto a las organizaciones indígenas, sociales y sindicales, así como a los poderes legislativo y judicial y a los órgano electorales. Es importante que juntos tratemos de avanzar hacia una verdadera democracia construida con el esfuerzo de todos y que no nos quedemos sólo con palabras vacías y promesas incumplidas.

 

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